• Cursillos Lima

Terremotos y peregrinos

Actualizado: may 5

Me acuerdo claramente cuando de niña se dio el terremoto del 73...

Bajamos las escaleras de mi casa difícilmente porque todo se movía. Yo estaba en primer grado y felizmente ese día no hubo clases en todo el país. Mi colegio se derrumbó y las carpetas de mi salón quedaron destruidas.


Cuando empieza un terremoto y el piso se mueve tanto, uno no sabe cómo permanecer de pie, qué figura estable mirar, en qué apoyarse o por dónde caminar porque todo es inseguro. Todo tiembla por fuera y quedamos temblando por dentro…

En estos meses que nos toca vivir, creo que hay terremotos que se remecen por fuera y por dentro. Situaciones en las que tal vez no entendemos qué estamos sintiendo o qué experiencia es más fuerte que cuál.


Ese miedo al contagio, esa inseguridad en los trabajos, la inestabilidad o el quiebre de los negocios, la disminución en los sueldos, la pena por los fallecidos, la incertidumbre por los que están en primera fila de ayuda, las tensiones o noticias familiares evidenciadas en este tiempo, intuir la pérdida de un ser querido y tantas cosas que nos mantienen sensibles e inseguros de una u otra manera.

Momentos críticos en los que podemos sentir que el elástico se estira demasiado y puede romperse con el siguiente temblor …


Y con estos terremotos interiores es muy probable que no sepamos qué o a quién mirar. Nos podemos reconocer impotentes con aquellas personas que antes nos daban más seguridad, se evidencian nuestros propios miedos, o no nos creemos capaces de sostener a los nuestros. Y entonces se pueden aflorar o agudizar sentimientos o pensamientos que no se evidenciaban así hace tiempo.


Cuando estuve rezando estos días sobre los discípulos de Emaús, me quedó resonando mucho ese conflicto interior que vivían los discípulos al encontrarse con Jesús en el camino porque me remitía a lo que vivimos en estos tiempos.

Estos discípulos venían de un gran terremoto. Tres años acompañándolo y creyendo que Él era su seguridad y su Salvador. Y ahora se les mueve todo el piso y se les puso lento el corazón porque lo vieron débil y muerto…

Creo que el ser humano puede reaccionar de muchísimas maneras ante un dolor profundo y cuando se pierde su seguridad.


Ellos, por ejemplo, no querían permanecer en Jerusalén, donde lo vieron morir. Y aunque escuchan los primeros testimonios de su resurrección, no les da la fe ni la memoria para permanecer y esperar. Prefieren distanciarse y regresar a sus casas en Emaús, para vivir como lo hacían antes de conocerlo.

¿Y quiénes podríamos juzgar esta actitud? Ahora tal vez podemos comprenderlos mejor.

Por más que sabemos y creemos en la Resurrección de Jesús, hay veces que nuestros corazones pueden volverse fríos, dormidos, torpes o lentos, como Jesús los describió, porque el miedo o las penas nos sobrepasan.


Tal vez ahora estos terremotos sólo puedan permitirnos creer en la certeza de los escombros, el polvo, el techo que sí vemos todos los días. Tal vez estamos dejando de tener la lucidez o la suficiente esperanza para ver las estrellas y creer en las promesas cumplidas de Jesús porque: “Necesitamos algo más concreto” …

Tal vez ahora nos pase como a ellos, pues no podemos creer o reconocer a Dios caminando a nuestro lado.

Pero Jesús lo comprende muy bien…

Por ello debe ser que me resuena mucho al rezar, que Él apareció como un peregrino másCaminó con ellos hacia Emaús, no hacia Jerusalén. No los forzó a regresar.

Caminó con ellos escuchando la versión contada por ellos. Escuchó sus penas, sus dudas, ese famoso: “Nosotros esperábamos que Él fuera el futuro liberador de Israel”. Escuchó con paciencia y compasión todo el terremoto de sus corazones.

Tal vez estamos dejando de tener la lucidez o la suficiente esperanza para ver las estrellas y creer en las promesas cumplidas de Jesús porque: “Necesitamos algo más concreto” …

Jesús es el Peregrino de nuestras almas, que con su amor es capaz de avivar y despertar nuestros corazones adormecidos y lentos por el dolor y los miedos. El único Peregrino que nos conoce tan bien que sabe cómo abrirnos los ojos y hacer que éste arda más que antes.

Este es el Peregrino que nos ama tanto, que no se aparece en forma gloriosa o de milagro. Prefiere escucharnos sencillamente. Sabe que necesitamos desahogarnos, llorar, gritar o reclamarle a la vida y a las tensiones o problemas que vemos por delante.

Él no espera respuestas y sentimientos correctos, solo espera corazones sinceros.


Y entonces este Peregrino se hace presente en forma de otras personas:

Ese que  compartió más de la cuenta, ese policía que se contagió por servir a su patria, ese doctor que regaló más horas de las indicadas, ese joven que se ofrece para ayudar a los necesitados de la calle, esa mujer que se desespera por conversar con los que sufren, ese empresario que se preocupa por tantos trabajadores sin empleo, ese artista que compone más obras y comparte lo que tiene para alegrar y animar a los que están en casa, esas familias que dejan alimento para servidores públicos de la calle. En fin, ese Cristo tan creativo que toma el rostro de tantos seres humanos, o esos seres humanos que nos remiten al amor de Cristo con sus actitudes y su amor alegre y silente.


Habrá noticias negativas de robos y abusos de poder. Pero habrá muchas hermosas de generosidad. Noticias que nos llevan a ver el rostro de Cristo Resucitado en los que sufren y en los que se entregan por los demás.

Cuando nos encontremos con Jesús en otros peregrinos, creeremos en el milagro de la caridad. Ese milagro que nos lleve a dar media vuelta para regresar a Jerusalén y encontrarnos verdaderamente con Dios en todo lo que nos rodea.

…Y entonces, entenderemos mejor que Dios está vivo en nuestros corazones y en el templo cerca a nuestras casas.

…Y entonces querremos recibir el Pan de Vida con más fuerza.

…Y entonces buscaremos ser peregrinos y testigos para otros.

…Y entonces los otros dejarán también de sentir miedo, para sentir la paz del mar de Galilea, el lugar del primer encuentro.

Jesús Peregrino,

Que al ver a quienes nos rodean, podamos encontrarnos contigo caminando a nuestro lado.

Que nos dejemos abrazar por ti, sabiendo que eres el único capaz de vencer la muerte y el dolor.

Y que con esta certeza podamos vivir más agradecidos y más confiados para caminar con esperanza, ésta que tanto necesita nuestro mundo y que Tú nos la ofreces a cada paso…

Lc. 24, 13-35


MAGALI REBAZA, FRATERNIDAD MARIANA DE LA RECONCILIACIÓN

MCC Lima

Movimiento de Cursillos de Cristiandad

de Lima

mcclima815@gmail.com

DIRECCIÓN

511- 463 9079

982020149

Cayetano Heredia 815 

Jesús María - Lima

Inscríbete para recibir información
  • YouTube - círculo blanco