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SIN CONCIENCIA NO HAY COHERENCIA

Salir a la calle infectado o no usar mascarilla podría ser pecado mortal (depende de la actitud de la persona y de las circunstancias).

“Conciencia verdadera es aquella que juzga los actos humanos en conformidad con la Ley natural, grabada por Dios en nuestros corazones. Conciencia errónea es la que juzga los actos humanos en desacuerdo con la Ley natural” (compendio de moralidad).

“Nunca puedes justificar el mal para obtener un bien. En otras palabras: el fin no justifica los medios. No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti, o visto en forma positiva: trata a los demás como te gustaría que te trataran” (compendio de moralidad). “Ayudar a formar hábitos de buen comportamiento: programar el tiempo, saber qué queremos y qué vamos a hacer en cada momento, exigirse el fiel cumplimiento del deber, no permitirse ningún fallo conscientemente aceptado, etc” (compendio de moralidad). “Formar personas capaces de pensar por si mismas, que sepan actuar por convicción personal, que tengan un correcto sentido critico; que tengan capacidad para asumir valores y sean responsables”(compendio de moralidad).

COMENTARIO Es imposible esperar una conducta sensata y coherente en personas que no han recibido una formación de la conciencia.

Los objetivos cívicos no se logran solo con campañas de información. Por mucho que se diga y se repitan los criterios y protocolos, no se conseguirá nada, si las personas que escuchan no tienen una conciencia formada. El deber de formar la conciencia corresponde fundamentalmente a los padres de familia. Los papás tienen la función de educar a los hijos de acuerdo a la ley moral, “hacer el bien y evitar el mal”, que son los primeros principios. Durante el proceso educativo los niños deben ir creciendo en las virtudes morales propias de esa formación y en otras virtudes humanas coadyuvantes. El conocimiento de la moral esencial y el desarrollo de las virtudes, le dan a la persona un criterio para actuar con sensatez y sentido común. Estos serían los pilares para que una persona pueda iniciar un proceso de formación cultural, para que su conducta, en una sociedad, sea coherente y acertada. En un mundo relativista, donde se esconde la verdad y se ataca la estructura familiar, es muy fácil que la formación de la conciencia pierda calidad y en algunos lugares podría hasta desaparecer. Esta situación daría lugar a sociedades donde abunda la ignorancia y por lo tanto la ausencia de criterios para darse cuenta de la realidad y actuar en consecuencia.

Formación y conocimiento de la realidad Al margen de las necesidades que una persona pueda tener, la formación de la conciencia la llevará a organizarse bien para poder superar los obstáculos o dificultades que encuentre en su camino. Una persona responsable sabe lo que tiene que hacer y cuando debe hacerlo. Si no hubo una formación adecuada aparecen fácilmente las complicaciones, los desentendimientos, y eventualmente los riesgos. Esa persona vivirá insegura, no se dará cuenta de los peligros, y tampoco acertará en el camino correcto;  además,  su conducta iría al ritmo del consenso del sentir común que suele ser manipulado por las  ideologías de poder. Algunos gobernantes inescrupulosos utilizan la ignorancia de sus súbditos para sus planes maléficos, haciéndoles creer en la “veracidad” de sus propuestas y planes. Pueden haber miles o millones de seguidores ilusos que son arrastrados, como ganado, a un futuro de caos y de miseria. Los lamentables riesgos de un gran sector Las personas que no han recibido una buena formación suelen estar en un peligro constante de desubicación que podría tener consecuencias nefastas para ellas mismas y para las personas de su contorno. Cualquier cosa puede pasar cuando persiste la ignorancia y aumenta el fanatismo con  razonadas sin fundamento de personas engañadas. Caen la defensa terca de argumentos voluntaristas cargados de resentimientos que generan odios. En estos tiempos de pandemia vemos las consecuencias: no hay disciplina, ni demasiada conciencia para poner los medios que pueden evitar un contagio; puede haber también un exceso de dejadez, o de indiferencia, por pereza o por rebeldía. Han “tirado la toalla” y ya no les importa nada. Estas situaciones las encontramos por todas partes y da mucha pena cuando vemos las consecuencias trágicas de los que no supieron vivir con orden y disciplina. Siempre se ha dicho que la ignorancia es el peor de los males y ahora la estamos viendo  en todos los niveles de nuestra sociedad. Como lo hemos dicho reiteradas veces, la solución solo está en la educación, aunque sea a largo plazo. La modernización y el desarrollo solo se logra con personas idóneas que tengan una buena formación y no tengan dañada la sindéresis, que es el hábito de los primeros principios, para poder hacer el bien y evitar el mal; vale decir: ser buenas personas, con virtudes humanas, sentido común, afectividad ordenada y con los conocimientos necesarios para no dejarse engañar y poder tomar decisiones correctas. 


P. Manuel Tamayo

MCC Lima

Movimiento de Cursillos de Cristiandad

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